14 marzo 2007

Té de cedrón

Té de cedrón. Sabor alimonado para estas tardes en las que la redacción está tranquila. Se escucha una voz masculina en inglés que sale del televisor de Internacionales, algún teléfono aislado, los golpes de dedos contra los teclados. La luz azulada de los tubos le ponen el toque hospitalario. El verdadero mundo parece estar aquí. El exterior se ve a través de las ventanas enrejadas como un Truman Show, como una vidriera de la que debo comentar, criticar, envidiar, pero no puedo ser parte.
Té de cedrón. El dejo a jazmín que perfuma la sección. De lejos, un taladro trae el ruido. Las voces van ganando volumen. Un periodista acalorado se queja y prende el aire acondicionado. Las nubes del exterior parecen querer colarse sobre el techo alto y sucio de la redacción. Vuelve el silencio. Por la reja se ve un camión que sale de la fábrica de papel, avanza dejando a su rastro tiras blancas como serpentinas de fiestas populares.
Té de cedrón. Las hojas ásperas se pegan contra la garganta. Ganas de salir. De sumarme al show, de abandonar el lugar ficticio de espectador del que no debo ser parte. Hundirme en el show y vivirlo, comentarlo, criticarlo, envidiarlo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Debo ir a Chez Pauline, ya lo sé y lo prometo.Besos.

eresfea dijo...

Muy japonés. Imagino una ceremonia del té pervertida, donde el periodismo sopla su burbuja, sorbe un traguito y no mira la realidad.
Da un poco de miedo, que no terminen los periodistas aplicándose un correctivo seppuku por su indiferencia.

Anónimo dijo...

Yo no trabajo en una redacción, pero creo que comparto la sensación. Ésta me acompaña fuera del trabajo. A veces siento que estoy en otro lado, mirando lo que pasa aquí a través del ojo de una cerradura. Me angustia esto, pero me gusta. Tal vez la angustia sea por no ser parte de, y el gusto por la sensación de inmortalidad asociada.