05 marzo 2007

Cholulismo tarjeteril


Otro de los males necesarios de la humanidad: las tarjetas personales. Aunque pensé que nunca iba a tener que pasar por la situación de hacer lobby repartiendo tarjetas, la maldición cayó sobre mí y no me dio una opción alternativa. En los primeros eventos que tuve que cubrir, opté por la libreta y el lápiz. Si me pedían una tarjeta, entonces ponía la excusa: se me acaban de terminar, pero te escribo mi teléfono y mi mail en un papel.
Pero las miradas de reprobación me llevaron a caer en el cholulismo del tarjetero. Y la adicción a las tarjetas creció de tal forma, que cuando se me acabaron corrí desesperada a la encargada de mi trabajo para pedirle más. Esta vez, con algunos detalles nuevos. En primer lugar, el Lic. delante de mi nombre, hacer valer el título que le dicen, y en segundo lugar, agregar mi celular en los datos, para no tener que anotarlo cada vez que me lo piden.
Hoy recibí las nuevas tarjetas, ya puedo iniciar mi lobby descontrolado, aunque espero no llegar al grado máximo del cholulismo tarjeteril: la tarjeta antes del saludo, las que tienen una foto que parece de Prom yanqui y, juro que lo vi, las que tienen espacio para publicidad (aunque se escuchan ofertas).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo no tengo tarjeta para guardar en mi carpetaaaaaa, mandame porfi.

Jimena Colucci dijo...

mmm, bueno, es parte de la enfermedad nunca negar una tarjeta, te mando un montón y las repartís con tus amigas, jeje.